VOLVER A FREIRE PARA CONSTRUIR LA PEDAGOGÍA DE LA ESPERANZA

Lo que me mueve a ser ético por sobre todo es saber que como la educación es, por su propia naturaleza, directiva y política, yo debo respetar a los educandos, sin jamás negarles mi sueño o mi utopía. Defender una tesis, una posición, una preferencia, con seriedad y con rigor, pero también con pasión, estimulando y respetando al mismo tiempo el derecho al discurso contrario, es la mejor forma de enseñar, por un lado, el derecho a tener el deber de «pelear» por nuestras ideas, por nuestros sueños, y no sólo aprender la sintaxis del verbo haber, y por el otro el respeto mutuo.
Paulo Freire

El 19 de septiembre se cumplen 100 años del nacimiento de Paulo Freire y desde todas las experiencias educativas de los movimientos populares del continente celebraremos su obra, rendiremos homenaje a su pensamiento y recuperaremos su legado. Volver a dialogar con el Freire educador, con el filósofo y con el político se vuelve ineludible para quienes somos parte de los procesos de organización popular. En tiempos de contraofensivas de las derechas a nivel global, de emergencia de nuevos sentidos xenófobos, individualistas, meritócratas, misóginos y heteropatriarcales, es imprescindible construir herramientas para volver sobre lo colectivo y los proyectos políticos emancipadores.

La propuesta es entonces reencontrarnos con la figura de Freire, zambullirnos en su obra en la búsqueda de claves, herramientas que nos permitan comprender los procesos populares y sus desafíos. A la historia volvemos todo el tiempo, pero nunca para repetirla, sino para encontrar en ella algunos elementos que nos posibiliten situarnos en los desafíos actuales y las perspectivas que encontramos para trazar nuevos horizontes. 

Freire desarrolló un concepto central: la pedagogía de la pregunta. Frente a esa educación tradicional, reproductora, que arroja las respuestas suponiendo que linealmente ingresarán en la cabeza de las personas y tenderán por lo tanto a ser funcionales al sistema, nuestro maestro construyó la educación de la pregunta. Aquella que toma en cuenta lo que le otre sabe, vivenció, transitó y le asigna valor, aquella que indaga, interpela, problematiza, molesta, genera incomodidad. Preguntar más, responder menos puede ser una de las claves para que surjan nuevas representaciones sociales y políticas más genuinas y potencialmente revolucionarias. 

Empecemos entonces por preguntar: ¿Quién fue Freire? ¿Qué nos enseño? ¿Cómo y para qué pensar su obra hoy?

Paulo Freire nació en Recife, Brasil el 19 de septiembre de 1921, hijo de una familia de sector medio empobrecido logró llegar a la universidad y se convirtió en docente. Cuando comenzó a dar clases, notó rápidamente que sus estudiantes no podían aprender. No porque fueran tontos, sino porque tenían hambre. Lo primero que nos enseño Freire es que nadie aprende con hambre. Que el problema deja de ser las matemáticas o el análisis sintáctico, el problema es la pobreza. Adelantó en este gesto todos los argumentos posibles que hoy puedan darse contra esa meritocracia berreta neoliberal que nos culpabiliza al deshistorizarnos, que individualiza responsabilidades y niega los grandes saqueos de nuestra historia.

Pero trascendió este primer paso, decidió construir una pegagogía diferente, un método de enseñanza y aprendizaje que se basara en otros pilares, en otros preceptos y con otros objetivos. Apareció allí la pedagogía del oprimido, que vino a cuestionarlo todo. Con rigurosidad porque es teóricamente irrefutable y prácticamente efectiva. Buscó otros modos de enseñar, que recuperaran el universo vocabular del educando, que tomaran los contextos, saberes y conocimientos previos. Construyó una nueva pedagogía crítica y la enmarcó en una filosofía de la práxis.  Comprendió a la educación como un diálogo entre sujetos, en la medida que no hay mera transferencia de saber, sino encuentro de personas, intercambio en procesos de significación. Enmarcó a la pedagogía en la órbita de la cultura. Por tanto la pedagogía se hizo antropología. El vínculo social y cultural como centro de producción de una teoría pedagógica para la liberación es un aporte a la comprensión ampliada de la educación, entendiendo a la misma como performativa, como aquellos mecanismos por los cuales en determinada cultura se instituyen mediante prácticas sociales las pautas que rigen el funcionamiento de esa sociedad. Así nos permitió reconocer la politicidad de los hechos educativos. 

Entonces ¿Qué nos enseño Freire?

En síntesis, Freire nos permitió comprender la lucha política desde el campo de la pedagogía, de recuperación de los sujetos. Puso en debate el lugar del saber como sagrado y permitió avanzar en metodologías concretas para lograr espacios de participación y debate, en función de generar procesos de aprendizaje liberadores. Nos dejó también una gran caja de herramientas, nos enseñó a recuperar los modos del hacer popular, rescatar aprendizajes de esos que esa historia oficial se empeña en que olvidemos. Nos dijo que podíamos, que confiemos en lo que sabíamos. Que hagamos pensando, que pensemos haciendo, filosofía de la práxis como pilar y bandera. De la marcha a la reunión, desde el merendero a la cooperativa, nos sentamos en círculo, aprendemos que tenemos voz, que podemos decir, que aportamos. Dividimos las tareas, ordenamos las prioridades, planificamos y también, resolvemos los conflictos que nos sobran, por humanes y por jugades. Nos sobran los conflictos. No los escondemos, no los tapamos, los elaboramos, de mil modos, a partir de una caja de herramientas freireana que nos dice: Nadie es mejor que nadie; Todes sabemos algo, todes ignoramos algo. Por eso aprendemos; El hacer es un tipo de conocimiento, tan válido como el académico; Necesitamos aprender también teoría, porque sin ella quedamos a mitad de camino. Sólo con la práctica no alcanza; La lógica del opresor habita en las prácticas de los oprimidos. Hay que deconstruirla; Vivenciamos las consecuencias de una historia de saqueos, hemos sido colonizados. Necesitamos enmarcar los problemas que tenemos en los contextos trágicos que nos moldean como sujetos. Y debemos decolonizarnos, en diferentes niveles y dimensiones; Los ricos, los poderosos, los que dominan no nos ayudan, a lo sumo hacen caridad. Eso no sirve. Tenemos que construir nuestros  caminos. Revisar las palabras, disputar los sentidos.

¿Cómo y para qué volver a Freire hoy? 

El punto de inflexión que significó Freire en la historia de la educación liberadora, hace que siga siendo inspirador para las militancias populares, aunque atravesado por las nuevas expresiones políticas y conceptualizaciones, en un tiempo continuo, marcado por el pensamiento situado, efectivo, que surge de nuestras barriadas populares, recupera nuestra inmensa tradición latinoamericana de lucha en la medida en que construye saberes y conocimiento válido. 

Freire nos habilita a imaginar que podemos imaginar las cosas de otro modo, su obra trasciendo lo pedagógico y también lo político. Nos convoca desde lo idelógico, en el sentido ampliado como cosmovisión del mundo y en el sentido estricto, como parte de proyectos políticos asumidamente de izquierda, que quieren cambiar el mundo porque no toleran la injusticia y el dolor de los pueblos. 

La pregunta que flota en los aires freireanos es cómo queremos vincularnos con otres y con el mundo. Remite a las formas de relación social, subjetiva y con la naturaleza. Cada vez que volvemos a freire aprendemos algo de nosotres mismes. Porque otro gran hallazgo es esa sólida idea de la reflexión sobre nuestras propias prácticas. Todes podemos oprimir a alguien. ¿Lo hacemos? Ni más ni menos que la pregunta por el poder y las formas de ejercerlo, eso que Foucault describió tan bien en esa microfísica del poder que se esconde y habita en cada vínculo, práctica o acción.

Lo dijimos una y mil veces, desde los movimientos populares no tenemos todo resuelto, ni mucho menos. Nos quedan largos caminos por recorrer en la búsqueda de formas de organización alternativas que promuevan nuevos modos de relacionarnos, más respetuosos, democratizadores y eficientes. Tenemos que reflexionar sobre qué hacemos y cómo lo hacemos, para no subsumir ideas y pensamientos de otres. Necesitamos desenmascarar el discurso neoliberal y asumir la lucha política, interpelar a una sociedad que aguarda ansiosa por nuevos modos de hacer. Debemos debatir con la política tradicional para que comprenda que a los sectores populares no los representa nadie, se expresan a sí mismos muy claramente, sólo se trata de reconocerles el lugar que ya tienen. A la educación tradicional debemos convocarla a revisar sus modalidades para que no reproduzca subalternidades. Queremos llenar de contenido y realidad a la democracia y a la participación porque sin ellas no se puede cambiar a ninguna sociedad. Los desafíos son inmensos, algunos objetivos tenemos bien claro cómo lograrlos, otros no. Pero lo que sí sabemos, como diría Freire, es que estamos en el camino y que vamos a dejar la vida intentando cambiar el mundo porque el que tenemos es inviable. Vamos a imaginar lo que no existe para hacerlo realidad.

Lucia Bianchi. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, investigadora, educadora. Directora de la Universidad Popular Barrios de Pie