DIPLOMATURA INTEGRAL DE CUIDADOS

Diplomatura integral de cuidados

Este fue un trayecto de formación, investigación e intervención territorial que llevamos adelante durante los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre.

La pandemia del COVID-19, como afirma Boaventura de Sousa Santos (2020), puso en agenda discusiones acerca del rol de los estados, las responsabilidades individuales y colectivas para el cuidado de la población, las prioridades de las comunidades y sus gobiernos, entre otro sinfín de cuestiones que hacen a los funcionamientos de nuestra sociedad. En ese marco, volvieron hacerse visibles (aunque no ocuparon espacios principales en los medios hegemónicos) los entramados de solidaridad construidos principalmente en los sectores populares. Estamos hablando de toda una red de trabajos de cuidado que, en una compleja articulación con las políticas públicas, se convierten en fundamentales para básicamente, cuidar la vida de las personas.
Estamos poniendo de relieve nuevos argumentos para afirmar que los cuidados organizados en el plano comunitario son fundamentales para garantizar el bienestar de las personas. Esto, por supuesto, es mucho más evidente en los barrios populares, donde las marcas de exclusión se multiplican y operan en todos los aspectos de la vida cotidiana. Estos cuidados (en algunos casos encarnando territorialmente las políticas públicas, en otros casos expresando el fruto de la organización y la militancia social), comprenden un amplio espectro de iniciativas: desde las ollas populares que garantizan el alimento allí donde la suspensión sanitaria de las actividades laborales lo impiden, hasta apoyos escolares de emergencia que acompañen los intentos de continuidad pedagógica; desde campañas de vacunación contra la gripe a personas adultas mayores, a campañas de limpieza y desinfección en los pasillos y espacios comunitarios de barrios populares.
En este marco, desde el inicio del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, desde la Universidad Popular tuvimos que readecuar toda nuestra planificación para fortalecer estos cuidados comunitarios en el marco de la prevención sanitaria actual y la atención alimentaria que siempre fue tan esencial en los barrios populares. En ese marco tuvimos que desarrollar iniciativas de Investigación Acción Participativa que retomen las problemáticas de esos barrios y los saberes populares, para readecuar los protocolos sanitarios. En algunos casos, se construyeron nuevos, como por ejemplo, para sostener y fortalecer la organización comunitaria en este contexto.
Avanzada la pandemia diseñamos un trayecto de formación para fortalecer esos cuidados comunitarios. Conceptualizando una perspectiva integral de cuidados a partir del trabajo concreto de las compañeras y los compañeros en sus territorios, para desnaturalizar, problematizar, politizar y organizar los cuidados comunitarios. La Diplomatura está organizada en diferentes tramos: uno general que aporte una mirada integral sobre la perspectiva de cuidados
comunitarios, interrelacionando los aportes que surgieron desde la Economía Feminista y desde la Economía Popular; un tramo orientado, que retome la especificidad de cada área temática; y por último un tramo de intervención que aporte herramientas concretas para la planificación de iniciativas y/o el fortalecimiento de los trabajos de cuidados comunitarios.
De esta manera, se vuelve a fortalecer la perspectiva político pedagógica que venimos sosteniendo. Generando espacios de diálogo de saberes; un diálogo respetuoso, responsable y reflexivo en el que todos los saberes se transforman y la organización comunitaria y popular se fortalece. Por último, queremos remarcar que esta diplomatura además del objetivo si se quiere, más interno, de fortalecer los trabajos de cuidados comunitarios, tiene también el objetivo de aportar nuevos sentidos en el debate de ideas por la construcción de una sociedad más justa.
Si queremos construir la Epistemología del Sur (Sousa Santos, 2006), desde una “Sociología de las ausencias” que rompa con la jerarquía de saberes y desnaturalice la las desigualdades que esas diferencias jerárquicas generan, que revalorice otras lógicas de producción contrapuestas a las que impone el mercado, que desande la idea de tiempo lineal hacia el progreso eurocentrista, que articule las diversas escalas de los hechos sociales, es necesario reconocer, valorizar, visibilizar el rol que las organizaciones sociales han tenido y siguen teniendo, antes, durante y después de la pandemia. Porque estas disputas de sentidos, son las que también favorecen la construcción de lo que Sousa Santos (2006) denomina “la Sociología de las Emergencias” en tanto procesos de construcción de conocimientos que avizoran futuros posibles de una sociedad más justa, menos colonizada, menos patriarcal y con una alternativa viable al capitalismo salvaje que tanto daño le ha hecho a nuestras comunidades y al planeta que habitamos.

 

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