LA ECONOMÍA POPULAR ES JUSTICIA SOCIAL

La economía popular es justicial social, la justicia social es peronismo.

En el contexto de los debates sobre los programas sociales y el rol de los movimientos luego de las declaraciones realizadas por la Vicepresidenta del País, nos parece central reflexionar sobre algunos elementos de nuestra historia, lucha y experiencias organizativas.
Desde Somos Barrios de Pie creamos una Universidad Popular para amplificar las experiencias educativas que aporten a revertir el histórico problema de la falta de trabajo en nuestro país, producto de las políticas neoliberales, de la dictadura que cambió el modo de acumulación desterrando el modelo peronista de justicia social, de sustitución de importaciones anclado fuertemente en lo productivo como motor de la economía.

Fue en el 2001 y a partir de esa realidad tan terrible que nacieron los movimientos populares, al calor de los cortes de ruta demandaban a ese Estado que regrese, que retorne a su rol de garante y amplificador de derechos. En el camino suturamos esa falta con organización popular y comunitaria, fueron las mujeres que pararon la olla, fueron les jóvenes que pelearon contra las leyes que venían a destruir el sistema educativo, fuimos les militantes sociales quienes recuperamos el tejido social mientras las estructuras partidarias tradicionales de todo signo político se alejaban cada vez mas de la organización popular.
Los años de gobiernos populares mejoraron la situación pero no lograron revertir los límites de la pobreza estructural en un sistema que ya no generaba trabajo.
Somos los movimientos sociales quienes a partir de la creación de la economía popular hemos generado trabajo, porque producimos valor, aún con una parte del sistema político insistiendo en que no es trabajo sino desocupación, que son planes y no programas sociales, que remitimos a gastos y no a inversión en desarrollo.

Hablamos de reciclado, de cooperativas de trabajo y viviendas, de unidades productivas textiles pero también es necesario destacar que, dentro de la economía popular, se encuentran los cuidados comunitarios que son una forma de trabajo, porque dar de comer a 500 familias en un comedor es trabajo, lo que no tienen nuestras compañeras son derechos.
Los movimientos de la economía popular lejos de ser meros administradores de “altas y bajas” somos la comunidad organizada en las barriadas más humildes de todo nuestro país, esas barriadas a las que al Estado le cuesta llegar con eficiencia, con pensamiento situado, con conocimiento de lo que efectivamente sucede.

Estamos allí para garantizar el funcionamiento de lo social y dejar que el Estado pueda ingresar, para pensar en aquello que falta y articularlo con políticas públicas, sin reemplazarlo, pero generando valor que es otro modo de denominar al trabajo, desarrollando consejerías de género para cuidar la vida de mujeres y diversidades, cuando falta acompañamiento y justicia para quienes sufren violencia machista, para producir y comercializar alimentos a precios populares; para desplegar a nuestros y nuestras promotoras de salud casa por casa, nuestras y nuestros promotores de urbanismo y de ambiente por todo el barrio, generando espacios de cultura y comunicación, lugares de encuentro y organización vecinal; sosteniendo apoyos escolares donde se pueda, terminalidad de secundaria, espacios de formación y capacitación para nuestrxs compañerxs y lxs vecinxs de los barrios, para urbanizar a las barriadas, para entramar, hacer red, recuperar, construir esperanza como lo hicimos durante toda la pandemia para que no estalle el sistema social por los aires.

Para aportar a las organizaciones libres del pueblo, en sus nuevas modalidades de trabajo y de sindicalización, por eso es tan importante la UTEP, para que una nueva columna vertebral de trabajadores garantice y amplie derechos, fortaleciendo un modelo de Estado más presente, para que la justicia social se imponga y de una vez por todas reine en el pueblo el amor y la igualdad.